Preparar el post-capitalismo
“Las revoluciones se producen, generalmente, en los callejones sin salida”, decía Bertolt Brecht. Los que hemos nacido tras la Segunda Guerra Mundial hemos vivido una inusual época de bonanza y de prosperidad económica sin parangón a lo largo de nuestra historia. No hace mucho, en tiempos de nuestros bisabuelos, nuestra gente se marchó a Argentina o Idaho por la crisis de 1870, por poner un ejemplo, en la que la gente se moría de hambre. El ejemplo más claro de aquello es la hambruna irlandesa. Precisamente, estos días se debería conmemorar el 79 aniversario de la crisis del 29. Cabe decir que en aquella crisis un día la Bolsa de Nueva York se desplomó.
En aquel momento la clave de la recuperación estuvo en dos cuestiones: los americanos se echaron la culpa a sí mismos de la crisis y con esperanza afrontaron su recuperación y, por otro lado, sólo se recuperó EEUU una vez bien entrada la Segunda Guerra Mundial.
El actual modelo, tal y como lo conocemos, el liberalismo capitalista, es un elemento que trae consigo la crisis de forma estructural. Es curioso que Adam Smith realmente lo que pedía con la mano invisible sobre la economía era que el Estado interviniera sobre los gremios de entonces, auténticos lobbys de presión y corporativos que impedían el desarrollo de la economía. Es decir, pedía libertad desde el Estado británico, en este caso.
La primera patria del liberalismo tuvo durante el siglo XIX una política proteccionista, lo mismo que EEUU, que únicamente se decidió a apostar por el libre cambio una vez asentada su industria. Esto pone en evidencia que por un lado está la teoría en materia económica y, por otro, las prácticas de cada país. Y las crisis cíclicas capitalistas, desde su inicio formal, hace cinco siglos, han ido profundizándose en intensidad hasta llegar a 1929.
Aquella crisis fue un punto de inflexión. Apareció John Maynard Keynes, quien rescató el capitalismo de su definitivo deceso introduciendo medidas correctoras al mal llamado libre mercado (que no lo es pues no se dan todas las condiciones teóricas en casi ningún caso).
Con la desregulación galopante inaugurada por Thatcher y Reagan y acentuada por George W. Bush, el sistema se encuentra ante el reto de afrontar otra gran crisis. Las bolsas se desploman día sí, día también. Y ante eso no cabe sino ir a las raíces de la crisis. Y afrontar los retos de futuro con la vista ante lo que pueda venir, pero sin olvidar de dónde se viene, cuál ha sido la trayectoria del capitalismo y cómo nos ha afectado en su versión pura, entre 1945 y 1975, de implantación efectiva del Estado (keynesiano) del Bienestar.
Cuando un gobierno ante una crisis es capaz de olvidar todo principio ideológico para resolver un problema puede ser loable, según circunstancias, pero lo que están haciendo los gobiernos de Europa y Estados Unidos es inconcebible: se plantean la nacionalización de los recursos financieros corruptos para salvar las instituciones financieras. En vez de pensar en salvar a los ciudadanos de las hipotecas, de las deudas contraídas y demás cuestiones ligadas a las tasas de interés elevadas y al alto incide del Euribor.
El actual modelo está amortizado. Cuando un modelo no tiene contraparte, a la larga acaba perdiendo el rumbo, radicalizándose y produciendo incontinencia en la contención a los límites de lo que puede o no puede hacerse. El criterio de precaución es de los primeros en desaparecer. Ante eso debemos retomar la senda de la reflexión serena de todo el modelo. Y darle una respuesta adecuada. También desde Euskal Herria. Y más desde la izquierda, desde la socialdemocracia. Pensar en la disyuntiva que nos plantea Wallernstein: retroceder a un sistema donde las libertades estén más restringidas y la libertad económica sea más bien escasa, o iniciar la búsqueda de un nuevo sistema basado en las personas, a escala humana, que responda a las necesidades de la ciudadanía, donde la política sea la que marque las normas de juego, donde la democracia sea participativa y se pueda opinar no sólo cada cuatro años en unas urnas, con una sociedad civil dinámica. Éste es el reto.
Nuestra historia reciente en la Europa que nos ha tocado vivir ha sido una oportunidad para hacer posible nuestro actual status económico y social. Y es en este marco en el que debemos hacer esta reflexión. Con nuestros aliados y amigos que pensamos en estas claves para ir creando un debate a nivel europeo con clave de avance hacia esa Europa unida en la diversidad que marca como lema la actual UE, con marcado acento social y progresista en lo social y económico.
Parafraseando a Hegel, el economista hace economía cuando ésta ya ha pasado. Por eso mismo nuestro compromiso con la política ha de ser más fuerte que nunca en la defensa de nuestro futuro común en paz y en bienestar. No podemos hacer más, ni debemos hacer menos.
Alain Zamorano Secretario General de Gazte Abertzaleak
Juan Carlos Pérez Secretario de Socioeconomía de Gazte Abertzaleak
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