Como ya os comenté el otro día estuve visitando el campo de concentración de Gurs. Haciendo un breve repaso tendría que empezar diciendo que el campo de Gurs fue construido por el gobierno Francés en 1939 tras el fin de la Guerra Civil Española para dar acogida a aquellos que huían de España por temor a las represalias del franquismo. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, el gobierno francés internó en él a ciudadanos alemanes y de otros países considerados afines a éste, así como a franceses considerados peligrosos por sus ideas políticas y a presos por delitos comunes. Una vez firmado el armisticio con la Alemania Nazi en 1940 por el gobierno de Vichy, fue empleado como campo de concentración para judíos de cualquier nacionalidad excepto francesa y personas consideradas peligrosas por el gobierno de aquí partían numerosos trenes a Auschwitz. Tras la liberación de Francia, se internó brevemente en Gurs a prisioneros de guerra alemanes, colaboracionistas franceses y combatientes españoles que habían participado en la resistencia contra la ocupación alemana, pero cuya decidida voluntad de terminar con la dictadura fascista impuesta por el general Francisco Franco los hacía peligrosos a los ojos de los Aliados, antes de su cierre definitivo en 1946.
El campo medía unos 1.400 metros de largo y 200 de ancho, una superficie de 28 hectáreas. Una única calle lo atravesaba a lo largo. A ambos lados de esta calle se cercaron parcelas de 200 metros de largo y 100 de ancho, llamadas ilots (“islotes”), siete a un lado y seis al otro. Las parcelas estaban separadas de la calle y entre sí por alambradas. Éstas eran dobles por la parte trasera, formando un pasillo por el que circulaban los guardias del exterior. En cada parcela se montaron 30 barracones, en total 382.
La comida era escasa y pésima; no había servicios sanitarios, ni existía agua corriente ni saneamiento. El campo no estaba drenado. La zona, debido a la cercanía del Atlántico, recibe mucha lluvia, lo que hacía que el campo arcilloso fuese, exceptuando los meses de verano, un permanente barrizal. Los reclusos, con las pocas piedras que encontraban, construían sendas para atajar malamente el problema del barro. Trozos de alambre que habían sido desprovistos de sus espinos, se tendieron entre los barracones y los retretes para, a modo de barandilla, facilitar el tránsito de las personas.
En 1939 cuando el campo era aún un campo de refugiados tuvo allí alojados a 6555 gudaris Vascos. que ocuparon los barracones A, B, C y D, procedían del campo de Argelés. Telesforo Monzón, ministro de Gobernación durante el Gobierno de José Antonio Agirre, consiguió agrupar en Gurs a los exiliados vascos y ayudó a organizar la vida en el campo. Como os podéis imaginar el panorama era desolador. No había casi nada y eran frecuentes las plagas de ratas, piojos y pulgas. Hasta julio de 1939, además, no hubo un solo hospital.
(Yo en la Ikurriña situada al lado del esqueje del árbol de Gernika y el monumento situado por el Gobierno Vasco.)
A día de hoy se mantienen las vías del tren de entrada al Campo. (Construidas posteriormente)